Un comentario sobre el tema del momento: la nueva camiseta de Paraguay. Atendiendo que se trata de diseño y de Paraguay, creería que puedo dar alguna opinión medianamente objetiva al respecto.
¿El diseño es malo?
Es muy malo, y no voy a dar vueltas al respecto, tampoco serviría eso puesto que cualquier hijo de vecino puede darse cuenta de ello. Ahora, creo que lo interesante es analizar por qué es malo, y esto nos llevará indefectiblemente a un terreno donde todos podrían aportar, porque claro, se trata de fútbol, de diseño y de Paraguay, tres temas aparentemente democratizados.
El diseño no se puede democratizar
Esta no es particularmente una crítica a la camiseta en cuestión, puesto que supongo que el diseño fue realizado por profesionales y aunque muchos lo ignoren, aquí seguramente participaron varios diseñadores, ejecutivos, comerciales y quién sabe cuántos responsables más.
Pero la verdad es que hay múltiples herramientas para democratizar el diseño, donde los usuarios pueden libremente expresar su creatividad como lo han estado haciendo en internet, y la verdad es que son muy útiles para diseñar, pero…
democratizar el diseño no significa saber diseñar.
Está socialmente muy aceptado que el diseño es una gestión estética donde el buen gusto alcanza, pero la realidad es que no es así. La estética claramente no es negociable pero la comunicación tampoco, y el diseño es comunicación, si no comunica no funciona, si no funciona no es un buen diseño, por más lindo que sea. Y desde esta perspectiva básica y esencial, la camiseta es muy mala, puesto que no existe una sola persona en el mundo que mirándola pueda asimilar alguna palabra del discurso que en teoría sostiene la propuesta.
Las convenciones no son una sugerencia

Normalmente entendemos por convenciones aquellas cosas que damos por sentado que deberían ser de una manera específica. Una convención particular en las camisetas de fútbol, ni siquiera hablamos de una selección nacional, es que debe inspirar respeto, debe verse seria y transmitir la calidad que se supone tiene la institución y todos los que la conforman.
Debe ser algo que el hincha se sienta orgulloso de portar porque transmite la dimensión que deseamos de esa institución. Si hablamos de una selección, es además, que incorpore aspectos que representen al país, lo que usualmente se soluciona con el uso de colores patrios. No parece tan complicado para un profesional hacer algo bueno en este campo, pero está muy claro, a la luz de los hechos, que a veces se complica.
Podríamos debatir cuál fue la mejor camiseta de Paraguay en los mundiales, con opiniones más o menos divididas, pero estoy seguro que habría casi un consenso si elegimos la que no lo es, y este punto debería ser inobjetable y suficiente para reconocer que no se hizo un buen trabajo.
La camiseta debe ser elegante, debe trasmitir calidad, prestigio, presencia y altura, sin importar la selección que fuere, esa es la convención para una selección nacional, y el que no entienda esto, no debería formar parte de un proyecto así.
La creatividad no es diseño

Una cosa es ponerse creativo, y otra muy distinta es saber que hacer con esa creatividad.
La creatividad que ignora las convenciones y las expectativas de la audiencia, no deja de ser un fanart.
La creatividad es parte del proceso, pero no es el proceso, y mucho menos el producto. Es muy triste decirlo de esta manera, pero se ha perdido la oportunidad de hacer lo mismo de siempre, una camiseta que no sea noticia, que a todos les guste y que todos la compren, ni hablar de la oportunidad de dar un pasito adelante, lo que honestamente sería complicado, porque el trabajo siempre estuvo bien hecho, hasta hoy.
Los manifiestos vacíos

Este no es un error nuevo, muy a pesar nuestro. Lo mismo sucedió con la marca país, puro manifiesto de marca, pero faltó la marca. Me animo a decir hoy que la inmensa mayoría de los paraguayos no sabe que existe esa marca, no vemos a nadie peleándose por aplicarla en sus productos, no siquiera para piratearla… no hay apropiación alguna, pero tenía un lindo discurso que hoy a nadie le importa. Aquella vez tuvimos que conformarnos con agua, ahora tenemos que comer tierra. Paradójico.
Tal vez el capitán de la selección pueda tomarse algunos minutos antes de cada partido para explicarle al mundo por qué tienen la camiseta que tienen, no sé, se me ocurre. Tal vez puedan hacer panfletos con el manifiesto de marca, tal vez se vendan más panfletos que camisetas.
El punto es que, hay proyectos de diseño que no necesitan discursos o manifiestos, porque el diseño debe ser el discurso, el diseño debe ser el manifiesto. El producto no debería tener que explicarse, porque ni la más ingeniosa de las explicaciones podrá justificar las carencias de un proyecto.
La única medida de éxito es la audiencia

Más allá de todo lo dicho hasta aquí, no hay otra medida de éxito para un proyecto así, que la valoración y la apropiación de parte de la gente, dos conceptos muy ajenos a la nueva camiseta de nuestra querida selección.
Digamos que para un producto así, pueden pasar varias cosas, que a la gente le guste, que no le desagrade, que les de igual, o que piensen incluso que no es buena, porque al final del día, si les da igual la van a terminar comprando. El único supuesto que no puede suceder, es que genere repulsión, burla, desagrado, comentarios negativos, y todo lo que básicamente ha generado en las últimas horas.
Es así que para ir cerrando este comentario, diré que la creatividad no es el motor de la innovación, sino al revés, y en casos como este, la creatividad termina siendo el camino más rápido al ridículo.

